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LA CAMPAÑA

Infancia SIN viOLEncia es una campaña lanzada por la Fundación Franz Weber, en colaboración organizaciones locales de protección de animal, que tiene como objetivo alejar a la infancia de la participación y observación de actos y espectáculos que supongan el sufrimiento y maltrato de los animales, como forma de conseguir una sociedad futura más pacífica y con mayor empatía hacia el sufrimiento, que rechace cualquier forma de violencia sea quien sea la víctima.

Utilizando la Ciencia y el Derecho como principales herramientas, la campaña se propone trabajar en tres ámbitos a corto plazo:

1 . Niños como espectadores de violencia.

El impacto de presenciar imágenes de violencia causa en los niños profundas huellas psicológicas; al impacto emocional, se debe añadir la falta de herramientas mentales y psicológicas para procesar y comprender la crudeza de estas imágenes, ya que estamos hablando de mentes que aún están en formación.

En las corridas de toros y en festejos populares con toros, novillos, vaquillas, etc., los niños no sólo serán testigos presenciales de la violencia aplicada sobre un ser indefenso, el animal, sino que también será testigo en muchas ocasiones de muertes violentas de personas o de impactantes imágenes de cornadas. Lo que están viendo estos niños se diferencia en gran medida de la violencia de películas, series de televisión o videojuegos, ya que en el caso de corridas de toros y festejos populares la escena contemplada es de violencia real, no es ficción.

En el caso de los festejos populares el problema es aún mayor, ya que además del impacto psicológico al presenciar una muerte violenta se añade el riesgo a la integridad física del menor.

2 . Niños toreros.

Los niños toreros son todos aquellos menores de 18 de años que trabajan en los ruedos y plazas de toros enfrentándose a un animal para herirlo y, posteriormente, darle muerte al final del espectáculo. Realizan exactamente el mismo espectáculo que los toreros adultos, pero no tienen el poder de decisión de éstos, ya que son sus padres quienes llevan sus carreras profesionales y toman todas las decisiones por ellos.

Un niño torero es un trabajador, ya que recibe un dinero pactado con anterioridad para participar del espectáculo, sólo que estos contratos son pactados entre empresarios y apoderados sin que el niño participe de este tipo de negociaciones; para el mundo taurino, el niño está preparado para enfrentarse a la muerte o para matar, pero no para decidir por cuánto dinero quiere hacerlo. Esto nos da la referencia de que estamos hablando de una forma de explotación infantil, muchas veces por parte de sus propias familias, ya que en la gran mayoría de los casos son los padres quienes cumplen las funciones de "representante" o "apoderado" del niño torero.

Las condiciones de inseguridad en las que se realiza este trabajo por parte de los niños torero bastarían para declarar a la tauromaquia como culpable de contravención del Convenio de la ONU sobre los Derechos del Niño, ratificada por la Asamblea General en su Resolución 44/25, de 20 de noviembre de 1989.

3 . Escuelas taurinas.

Poder conocer de primera mano lo que sucede dentro de una escuela taurina es una tarea difícil dado el hermetismo y la opacidad con que se suelen llevar estas clases; en algunos reglamentos que regulan la actividad de estas escuelas incluso se prohíbe expresamente la presencia de los padres o de público durante las clases prácticas con becerros y vacas.

No obstante, existen numerosas grabaciones registradas en video y que demuestran a través de la crudeza de las imágenes que ésta es una actividad en la que los niños no son motivados a desarrollar valores como la empatía, sino más bien al contrario, se alimentan ideas basadas en conceptos como la superioridad y el individualismo.

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